martes, 6 de noviembre de 2018

LA INVITACIÓN (2015)

INTRO. Seguro que recordáis aquella parábola ochentera en clave cómica del famoso film de Sir Alfredo "Extraños en un tren", protagonizada por Danny DeVito y Billy Crystal. En ella, éste segundo hacía el papel de un novelista venido a menos que se ganaba la vida impartiendo clases de narrativa y, en determinado momento, se nos explica que uno de los deberes que ha puesto a su alumnado es realizar un pequeño texto avezado al suspense... DeVito, uno de sus alumnos en definitiva y cómo no, le presenta una chapuza a la que el otro responde con un inolvidable: "El texto tiene tres hojas, dos personajes y uno de ellos muere en la primera hoja. Te aseguro que no me ha costado mucho adivinar quién era el asesino"... Bien, pues por aquello de la extrapolación y el birlibirloque ya saben lo que opino, a grandes rasgos, del film nos ocupa ahora.

SINOPSIS PRESTADA. Will y Eden perdieron a su hijo años atrás. La tragedia afectó su relación de forma irreversible, hasta el punto de que ella desapareció de la noche a la mañana. Un día, Eden regresa a la ciudad; se ha vuelto a casar y en ella parece haber cambiado algo, convirtiéndola en una presencia inquietante e irreconocible incluso para Will

A FAVOR. Empieza con una pareja muy seria que va en coche a una reunión que parece que no les apetece mucho (lo que está muy bien, porque ya deja claro de entrada que además de serios son un poco gilipollas) y en estas atropellan a un coyote. El resto de la acción, que es toda la película, pasa en la misma casa. Y dicha casa es lo único claramente "a favor" aquí. Porque es muy bonita, las cosas como son.

EN CONTRA. Si esto ganó el premio principal en Sitges 2015, se constata al fin que la cosa está muy malamente. Que no tuvieran pasta para contratar a Hardy y cogieran al tipo éste hasta resulta entrañable según como (es un puto clon), no lo negaré. Yendo más allá, el rollo intensito que aquí se gasta (a medio camino de lo forzado porque sí y lo sobreafectado porque también), tanto desde el desarrollo como desde las mismas interpretaciones, alcanza lo directamente irrisorio y sin poderse evitar. Y, de verdad se lo prometo, a la postre me da igual lo tristemente previsible que és, aún sin añadir ese final supuestamente super epatante (que te megamueres, claro) donde, básicamente, uno encuentra una oportunidad fantástica para poner un gift de esos de Blancanieves diciendo lo de: "Espera un momento... No me importa"... Pero es que me resulta todo tan barato, tan telefilme de tres al cuarto... Siendo honesto, lo único que me podía mejorar un algo éste film de niños ricos traumatizados era la visita al final de Mike Myers, puñal en ristre y ganas de echar la tarde. Como ello no ocurre, pues con su pan se lo coman. Psicodrama para milenials impresionables y gentes con niveles de exigencia bajos tirando a nulos, en general. Y con perdón todo ello por si alguien se ofende y tal, faltaría.

CONCLUSIÓN. Hay veces en que a uno no le gusta la película (o lo que toque) que acaba de visualizar pero, a no ser que nos refugiemos en la negatividad más cerril, cabe o conviene admitir los logros, y por puntuales sean, que la misma nos presente... Es lo correcto, lo sano. O debiera. A veces será la música, otra la fotografía, quizás alguna interpretación concreta o, por qué no, hasta determinado lance argumental que (siempre en cuentas propias) no se ha sabido consumar como procede (considerable etcétera). Dejar de observar ello, más en estos tiempos de radicalidad extrema y maniqueísmo exacerbado espoleado por redes y medios desbordados, logra que los grises desaparezcan, que todo sea 0 o todo sea 10... Y eso, si se pretende alcanzar cierto grado de análisis más o menos justo (que lo de la seriedad es tan subjetivo en definitiva), es lo que a todas luces no tendría que ser nunca. Aclarado ello, que es primordial quieras que no, esta película es un auténtico truño de tres pares de cojones. Y fin.

GUZZTÓMETRO: 3 / 10

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