jueves, 24 de enero de 2019

LADRÓN DE BICICLETAS (1948)

INTRO. Señalada comúnmente como el pináculo total del neorrealismo, en eternas tablas con "Roma, ciudad abierta" de Rossellini (ya visitada en el espacio hace mucho), ésta "Ladri di biciclette" persiste a su vez como una de las mejores películas jamás rodadas. Multipremiada hasta la extinción de estanterias, reverenciada por y desde siempre por la crítica mundial (y parte del extranjero), citada como referencia insaltable por un sindiós de cineastas de muy distinto pelaje y procedencia, capítulo insaltable de cualquier compendio enciclopédico con la historia del medio que se precie... Y más. Lo que nos hace llegar al fin a una fría mañana de invierno de 2019, detenernos un instante en un modesto espacio internaútico de tres al cuarto y preguntarnos: "caray, un minuto de su metraje sirve ya para reparar en que es buena a poco guste esto del cine y su historia, pero... ¿realmente hay para tanto?". Para resumir y tratar de agilizar un algo: rotundamente SÍ. Hoy día es fácil encontrar todos los datos,-los reales y los que no (particularmente y por ejemplo: esto de que le ofrecieron a Cooper al director y éste lo derogó añadiendo que si fuera Henry Fonda vale pero que Cooper no, lo pondría un poco bastante en cuarentena)-, de su gestación, repercusión, influencias y circunstancias mil... Pero al final de todo, y es lo que realmente considero importa, nos queda uno de los films más preciosos y emocionantes que existen. Y ello me pasa tan por encima de lo que consideren los jueces de los premios, los pareceres de todos los críticos (especializados o no) o la persistencia a la que es recurrentemente sometida por todos los escritores amantes de éste arte con necesidades "clasificatorias" y/o ademán "enciclopedista", que mejor ni intento empezar a calcularlo (por lo imposible, diáfano ello y cómo no). 

SINOPSIS PRESTADA. En la Roma de la posguerra, Antonio, un obrero en paro, consigue un sencillo trabajo pegando carteles a condición de que posea una bicicleta. De ese modo, a duras penas consigue comprarse una, pero en su primer día de trabajo se la roban. Es así como comienza toda la aventura de Antonio junto con su hijo Bruno por recuperar su bicicleta mientras su esposa María espera en casa junto con su otro hijo. (FILMAFFINITY)

A FAVOR. Sin desmerecer (porque no es posible tampoco) la partitura firmada por Alessandro Cicognini, el guión a cuarenta mil manos -sobre novela ajena- o los lances varios del anecdotario anexo (un jovencísimo Leone dirigía la segunda unidad del film, por ejemplo rápido), me parece justo apuntar especialmente a los dos activos primordiales sobre los que mayormente se sustenta y sostiene el film: la interacción de los dos roles principales interpretados por el actor amateur Lamberto Maggoriani como Antonio (que puntualizo lo de amateur porque parece importarle ello a mucha gente -supongo para dar todavía más poso de autenticidad y ensalzar el realismo extremo del realizador... que la interpretación por si sola emocione a un geranio de lo puro genial no parece importar demasiado según como, no-) y, por supuestísimo, Enzo Staiola como su hijo de seis años (absolutamente inolvidable y más -seguramente la mejor interpretación infantil que puedo recordar de siempre junto a la de Pamela Franklin en "The innocents" de Jack Clayton-)... El otro "activo", por cierto, es la formidable fotografía en b/n por parte de Carlo Montuori que hace un dispendio de arte y oficio con esta Roma tan castigada y luctuosa de post-guerra (y sea en grandes panorámicas o en callejones y vericuetos a discrección). Desde ahí a coleccionar momentos para la historia: las mantas en la casa de empeños, la dignidad recuperada con el oficio, el robo, la desesperación, el restaurante... Demasiadas cosas y a qué más. Aunque, claro (que esto no se lo puedo ahorrar), de quedarme con una y sólo una de sus tan ingentes virtudes lo hago decididamente  con ese funcionar el film entre significantes y significados -y con tanta naturalidad, además-. Alcanzando una emoción tan honesta como despejada de efectismo alguno que me parece algo del todo impagable y de lo que ya podrían tomar -o haber tomado- buena  nota algunos otros bastantes cineastas más o menos reconocidos (y en verdad algunos de gran predicamento comercial -que no es lo mismo que de gran talento, ojo-). Obligatoria siempre. Ayer, hoy y mañana. 

EN CONTRA. El doblaje a la que se vio aquí sometida, y que persiste en su versión más localmente difundida,  resulta bastante regulero incluso tratando de compadecernos con tiempos y maneras de hacer las cosas (incluyendo, por supuesto, esa onerosa licencia en off del final, ejerciendo de "guinda del pastel" en la peor acepción posible).

CONCLUSIÓN. Tan eterna e imperecedera como la misma ciudad que hace las veces de telón de fondo.  No es que sea triste, no... es que es agónica, directamente y en no pocos momentos. Tampoco es que sea aquello de "decididamente deudora de su tiempo"... es que es un retrato que linda prácticamente con la crónica y hasta nos podemos ahorrar el adverbio y todo sin especial pesar. Y, sin embargo, pues en verdad podríamos estarnos un buen rato aquí entre tópicos asociados e intentos vanales de relativizar su intocable importancia, su vigencia se descubre una y mil veces inmarcesible dada la colección de escenas icónicas que acompañan. Da igual las veces que nos enfrentemos a ella. Aquí el dolor duele, la vergüenza avergüenza y la desesperación desespera sin, pareciera, pretenderlo siquiera (recordemos el subgénero y contexto histórico adjuntos si se requiere que cuadre del todo el asunto, está claro). No parece, en efecto y por tiempos pasen, que la obra cumbre de De Sica, que además arrancaba así su celebrada trilogía neorrealista, merezca aquiescencia de erudito alguno o deba temer avinagramiento de todo esporádico troll se le cruce... Sigue meando demasiado lejos para preocuparse de dichas memeces... Bruno le da la mano a su padre, tras salvarle de nuevo, y con "El ladrón de bicicletas" finaliza uno de los films más bellos, necesarios y dolorosos que existen.

GUZZTÓMETRO: 11 / 10

2 comentarios:

  1. Y no nos olvidemos de lo bien rodada que está por De Sica, Guzz. Una película maravillosa, totalmente de acuerdo. Por cierto, me encanta que salga por ahí la obra maestra de Jack Clayton y cima del cine de terror.

    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Maravilloso film de un extraordinario realizador, Gonzalo. De esas cosas, no tantas como pareciera siempre, que vencen por simple y llana genialidad manifiesta. En cuanto a "The Innocents" tampoco podemos coincidir más, claro. Una de las películas que implican más belleza e inquietud a la vez jamás rodada.

      Fuerte Abrazo !

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